Amancio Ortega, fundador de Zara y del imperio textil Inditex, ha dejado clara su visión sobre los negocios tras cumplir 90 años con una filosofía empresarial donde la acumulación de patrimonio personal pasa a un plano secundario. La novena mayor fortuna del planeta, valorada por la revista Forbes en torno a los 149.000 millones de dólares en agosto de 2026, sostiene desde sus orígenes que el verdadero éxito de una compañía no reside en perseguir el dinero de forma directa, sino en enfocar todo el esfuerzo operativo en el trabajo cotidiano y en garantizar el crecimiento constante de la estructura corporativa.
«Si he ganado tanto dinero ha sido porque mi objetivo no ha sido nunca ganar dinero», afirmó tajante Ortega en la reflexión recogida por los autores Luis Lara y Jorge Mas en el libro Por qué unas tiendas venden y otras no: claves del éxito en retail, cita que también refleja la periodista Covadonga O’Shea en su obra monográfica Así es Amancio Ortega, el hombre que creó Zara, según publicó El Confidencial.
Nacido el 28 de marzo de 1936 en Busdongo de Arbas (León), Ortega proviene de una familia humilde: su padre Antonio era trabajador ferroviario y su madre Josefa se dedicaba al hogar. Tras mudarse a A Coruña, abandonó pronto sus estudios en el colegio del Sagrado Corazón a los 12 años para ayudar a su familia. A los 14 años empezó a trabajar como chico de los recados en la mercería La Maja, inicio de una trayectoria profesional que le llevaría a aprender el oficio de dependiente y a confeccionar batas guateadas junto a sus hermanos y su primera esposa, Rosalía Mera, antes de fundar Confecciones Goa S.A. en 1963.
De una sola tienda a más de 5.500 establecimientos
Esa experiencia inicial sirvió de cimiento para inaugurar la primera tienda Zara en A Coruña en 1975 y crear la matriz Inditex en 1985, un modelo de negocio que inició su internacionalización en Oporto en 1988 antes de desembarcar en mercados como Nueva York o París e integrar enseñas como Pull&Bear, Bershka u Oysho. En la actualidad, el gigante textil ha alcanzado una dimensión extraordinaria al sumar 5.536 establecimientos en todo el mundo al cierre de su último ejercicio, mientras su brazo inversor Pontegadea gestiona más de 117.000 millones de euros en activos inmobiliarios. Estas cifras récord consolidan la capitalización bursátil del grupo por encima de los 187.000 millones de euros.
«Si no hay crecimiento, una compañía se muere»
En este mismo contexto sobre la necesidad de mantener en movimiento la compañía y priorizar a los trabajadores, el fundador de Inditex añadía ante O’Shea que «si no hay crecimiento, una compañía se muere. Una empresa tiene que estar viva por la gente que tiene. El crecimiento es un mecanismo de supervivencia». Esta mentalidad operacional volcada en el trabajo diario sin mirar de forma obsesiva la cuenta de resultados se reafirma en otras declaraciones del magnate: «Los resultados no son tan importantes, nunca los miro. Si acaso, al cabo de tres o cuatro meses Pablo me los enseña. Lo que hacemos es innovar y no mirar los resultados», explicaba en referencia a Pablo Isla.
Además, recordaba la esencia de sus inicios al defender que «mi universidad es mi profesión. Fui dependiente a los 13 años. Mi trabajo es a dedicación plena. Lo que la empresa necesita se lo damos todos los días. Mi prioridad permanentemente es la compañía». Asimismo, el empresario siempre ha evitado las injerencias de consultoras externas en la sede central de Arteixo al manifestar: «No necesitamos consultores. ¿O resulta que van a conocer más de nuestro negocio unas personas que no lo viven, día a día, como nosotros?»
«El dinero sólo tiene un sentido si se orienta a conseguir objetivos»
El fundador de Zara sintetizaba el propósito final de su fortuna en una conversación mantenida con Tomás Pascual, fundador del grupo Leche Pascual: «No vale la pena ser empresario sólo para ser rico. El dinero, en esas dimensiones a las que hemos llegado nosotros, no nos va a hacer falta. El dinero sólo tiene un sentido, para mí, si se orienta a conseguir objetivos. Y si tienes éxito, que sirva para ayudar a que lleguen a ser algo en la vida tantas personas que dependen de nosotros».
La filosofía empresarial de Ortega subraya que el crecimiento no es cuestión de números, sino la única forma de mantener con vida un proyecto y proteger a quienes forman parte de él, una visión que ha guiado al gigante textil español desde sus humildes inicios en Galicia hasta convertirse en uno de los mayores imperios de moda del mundo.
