Chick-fil-A no tiene intención de abrir su capital ni de incorporar inversores externos, pese a que en 2025 generó 23.920 millones de dólares en ventas de sistema con cerca de 3.000 locales, convirtiéndose en la tercera cadena de restauración de Estados Unidos por facturación, solo por detrás de McDonald’s y Starbucks. Andrew Cathy, CEO de la compañía y nieto del fundador S. Truett Cathy, ha confirmado a CNBC que la enseña seguirá siendo un negocio familiar y privado mientras continúa su expansión en mercados como Canadá, Singapur y Reino Unido.
Los ingresos consolidados de Chick-fil-A crecieron un 14% en 2025 hasta alcanzar 10.300 millones de dólares, mientras que el beneficio neto avanzó un 1% hasta 1.050 millones, según las presentaciones regulatorias de la franquicia. La cadena abrió 179 nuevos restaurantes el año pasado y mantiene un ritmo de crecimiento que Andrew Cathy describe como «calculado» y «conservador», aunque reconoce que el despliegue geográfico ha sido intenso. «Podemos planificar para el próximo cuarto de siglo y no tenemos que planificar para el trimestre», señala el ejecutivo, en referencia a las ventajas de no cotizar en bolsa.
Un año sólido en un entorno complicado
Mientras rivales como McDonald’s, Popeyes o KFC registran datos decepcionantes ante un consumidor más selectivo por la inflación elevada y el freno del tráfico en restaurantes, Chick-fil-A afirma haber tenido «un buen año». «Nuestros operadores han hecho un trabajo excelente ejecutando los fundamentos y añadiendo hospitalidad», explica Cathy. La estrategia de mantener el foco en la atención humana marca distancia con competidores que apuestan por automatizar pedidos con inteligencia artificial en el drive-thru. «No vamos a sustituir esa interacción con tecnología, porque sentimos que la hospitalidad es muy importante para crear un ambiente cálido para los consumidores», asegura el CEO.
La compañía lidera en satisfacción de cliente del sector de comida rápida desde hace más de una década, según el índice anual American Customer Satisfaction Index, aunque en 2026 fue superada por Jersey Mike’s. Chick-fil-A defiende que su enfoque «human plus» en tecnología prioriza mejoras operativas internas sin eliminar el contacto directo con el comensal, un valor diferencial cuando otras cadenas, incluido McDonald’s con su sistema Archy, exploran la voz artificial para tomar pedidos en inglés y español.
Innovación sin perder la esencia
El menú de Chick-fil-A sigue siendo intencionadamente sencillo, pero la cadena ha añadido ítems de temporada que, si funcionan, pueden convertirse en permanentes, como su línea de bebidas Pineapple Dragonfruit o el sándwich Honey Pepper Pimento. «Somos muy cuidadosos con lo que queremos hacer, porque queremos mantenerlo enfocado en productos únicos que solo puedas conseguir en Chick-fil-A», explica Cathy. Esa cautela contrasta con el brazo de innovación Red Wagon Ventures, creado en 2017 para explorar conceptos ajenos al negocio core. La subsidiaria ha lanzado Daybright, un concepto centrado en cafés, batidos, zumos y rosquillas —sin pollo ni patatas fritas—, y Acrew Home Professionals, un servicio de reparación y mantenimiento del hogar que promete «servicio con una sonrisa».
«Desde la perspectiva de un negocio familiar, tenemos que construir sobre nuestras competencias principales y mirar a otros tipos de cosas en las que podemos entrar, para seguir sirviendo a los clientes de maneras únicas», argumenta el CEO. Red Wagon Ventures, cuyo nombre rememora el carrito con el que Truett vendía botellas de Coca-Cola a los seis años, también valorará adquisiciones de negocios familiares sin plan de sucesión.
Competencia en el reino del pollo
Chick-fil-A controla aproximadamente el 43% del mercado estadounidense de cadenas de pollo frito, según datos de Barclays a cierre de 2024, consolidando su dominio pese a que Popeyes, de Restaurant Brands International, disparó la llamada «guerra de los sándwiches de pollo» en 2019 y alcanzó el 11% de cuota. McDonald’s podría reavivar la batalla con su plan de probar tiras y sándwiches de pollo empanados a mano. «Me encanta la competencia en el espacio del pollo, porque eso significa que estamos en un buen espacio», afirma Cathy. «La competencia solo nos hace mejores.»
La compañía mantiene tradiciones inamovibles, como el cierre dominical, pero se replantea otras para adaptarse a nuevos hábitos de consumo, incluida la entrega con drones. Con 80 años de historia, Chick-fil-A aún tiene dos décadas por delante para alcanzar el siglo de vida. «Mi abuelo era emprendedor hasta la médula. Murió a los 93 años y abrió un nuevo negocio a los 92», recuerda Andrew Cathy, en referencia a Truett’s Luau, un concepto hawaiano que su abuelo inauguró el mismo mes en que traspasó las riendas de la cadena a su hijo Dan.
