Fondos soberanos de Abu Dabi y Catar están invirtiendo miles de millones de dólares en la costa norte de Egipto con el propósito de convertir la región en un centro turístico e inmobiliario internacional de lujo, según reporta Financial Times. La apuesta busca transformar un destino estival frecuentado principalmente por egipcios adinerados en un polo de atracción global con operación durante los doce meses del año.
La inversión extranjera más grande en la historia de Egipto tuvo lugar en 2024, cuando Abu Dabi pagó 35.000 millones de dólares (31.200 millones de euros) por los derechos de desarrollo de 16.400 hectáreas en Ras el-Hekma, un área aproximadamente 1,7 veces el tamaño de Barcelona. La promotora principal, Modon Holding, planea construir instalaciones turísticas, puerto deportivo, aeropuerto, zonas de inversión y francas, y 310.000 viviendas para una población eventual de dos millones de habitantes.
En 2025, Qatari Diar, propiedad del fondo soberano catarí, continuó con un proyecto de 30.000 millones de dólares para desarrollar Alam al-Roum como destino de lujo. Por su parte, la mayor promotora egipcia, Talaat Moustafa Group (TMG), se asoció con el Estado para el desarrollo de SouthMED, un proyecto de 21.000 millones de dólares lanzado en 2024 con una campaña protagonizada por Sylvester Stallone y promovido como «un nuevo destino mundial en el Mediterráneo».
Transformar un modelo estacional
La costa mediterránea egipcia ha dependido históricamente de una breve temporada estival entre junio y septiembre, a diferencia de destinos como Sharm el-Sheikh o Luxor, que atraen visitantes internacionales todo el año. Moataz Sedky, director general de Travco Holidays, empresa propietaria de nueve hoteles en la región, señala que el área «está empezando a ver el surgimiento de dos mercados adicionales: visitantes del Golfo y turistas internacionales de ocio, especialmente europeos».
Omar El-Shenety, socio director de Zilla Capital, subraya que «la llegada de las promotoras del Golfo puede marcar un antes y un después», dado que se trata de «nombres muy conocidos para los ciudadanos del Golfo, y confían en ellas». No obstante, los economistas consideran estas inversiones en gran medida como rescates financieros destinados a apuntalar las finanzas fuertemente endeudadas de Egipto y facilitar préstamos del FMI.
El ejemplo de Marassi
Marassi, complejo desarrollado por Emaar de Dubái, ilustra el potencial de la región. Con un paseo marítimo de 6,5 kilómetros, 8.000 viviendas y doce hoteles de lujo donde una noche en temporada alta puede superar los 1.000 dólares, el complejo atrajo en agosto pasado a un 65% de huéspedes no egipcios, casi exclusivamente del Golfo. Mohamed Alabbar, fundador y CEO de Emaar, afirma que «esa zona no ha sido descubierta aún», y trabaja para ampliar la temporada más allá de septiembre manteniendo hoteles y comercios abiertos en octubre.
Las ventas de propiedades en la costa norte superaron los 10.400 millones de dólares en 2025, convirtiéndola en el segundo mayor destino de inversión inmobiliaria del país por detrás del este de El Cairo, según Ahmed Zaki, director general de The Board Consulting. Sin embargo, Sedky advierte que «la capacidad hotelera sigue siendo una limitación importante si la demanda internacional continúa creciendo al ritmo actual», y subraya la necesidad de más vuelos regulares, restaurantes, centros de convenciones e instalaciones deportivas.
Riesgos y desafíos
El-Shenety advierte que proyectos de tal envergadura enfrentan riesgos: «Siempre habrá cierta vulnerabilidad ante los riesgos económicos y geopolíticos de la región». Sedky describe la costa norte como «un destino en transición, más que como un mercado turístico internacional plenamente consolidado». La apuesta es que la infraestructura de megaproyectos como Ras el-Hekma genere servicios, empleo y ocupación permanente, beneficiando incluso a complejos residenciales cercanos como Ramla, según Ahmed Badrawi, vicepresidente ejecutivo de la promotora Marakez.
El Gobierno egipcio ha invertido también en carreteras, aeropuertos y la ciudad de Nuevo Alamein, diseñada para albergar residentes durante todo el año. Alabbar destaca la proximidad de atractivos turísticos tradicionales: «Puedes pasar tres o cuatro días aquí, desplazarte en coche a ver las pirámides, y luego regresar».
